Si tienes pasión por el violín, es un sitio ideal para ti.
En plena naturaleza de Los Pirineos de la Cerdanya francesa con el clima que te invita a pasar todo el día estudiando y disfrutando de tu instrumento, aprendiendo de la mano de la famoso violinista Ala Voronkova, trabajando con el pianista Guerassim Voronkov y participando en los conjuntos de cámara.
El ambiente de estudio y el amor por la música y el violín, la profesionalidad y exigencia artística, las magníficas vistas del valle y la comida del país sencilla y rica, preparada con el cariño por el chef Alfonso Rojo, harán tu estancia en “Mas violín” inolvidable.
Actividades principales del curso
Lunes 5
15:00h Inicio del curso
21:00h La cena de la bienvenida
Martes 6
21:00h Ensayo del conjunto de violines
Miércoles 7
21:00h Ensayo del conjunto de violines
Jueves 8
21:00h Barbacoa
Viernes 9
16:00h Audición de escalas y estudios
Sábado 10
21:00h Concierto “Música da cámara” (“Mas violín”)
El proximo dia 19 de febrero en el Teatro Principal de Sabadell a las 21:30h Ala Voronkova ofrece los 24 caprichos de Paganini dentro del ciclo de cámara de los Joventuts Musicals de Sabadell.
Precio: 12 y 15€
Taquilla 93 727 08 33
Bajo la batuta de Salvador Brotons, esta noche podremos disfrutar de nuevo del buen hacer de la O.S.B. Como invitada estará violinista Ucraniana Ala Voronkova, protagonista de una carrera meteórica desde sus comienzos de niña prodigio, gracias a la pasión que pone en sus actuaciones, al lirismo de su fraseo y a un virtuosismo que la identifica como intérprete de excepción.
Programa:
The Wasps, Vaughan Williams.
Concierto para violín, Glazunov.
“Sinfonía núm.10″, Xostakòvitx.
Se me hace difícil en unas pocas letras expresar toda una noche llena de sentimientos, mezclados con imágenes y recuerdos en un bonito pueblo del Empordà, en una noche de verano. Pero a la vez se me hace muy fácil decir que aquella noche en Selva de Mar, mientras hacía mis fotografías, mi trabajo y mi pasión, tenía a dos metros de mi a una artista que puso la música, para hacerme pasar una velada inolvidable llena de sensibilidad, velocidad, acordes y notas casi imposibles con la dulzura de su violín.
Aquella noche sentí la música de cerca con la concertista Ala Voronkova.
Ala Voronkova es una violinista reconocida internacionalmente y formada en la tradición musical de Kiev y de Moscú. Su pasión por el violín, como ella misma cuenta, viene de muy niña. Su madre le contaba que sin apenas andar ya tomaba un cuchillo y un tenedor y con estos dos utensilios hacía ver que tocaba el violín. Es por eso que se declara una enamorada del violín mucho antes de andar. Es por estas anécdotas que podemos entender que la pequeña Ala ya tocaba el violín a los seis años de edad.
Ala Voronkova, no concibe la vida sin su instrumento, un ‘Gio Paolo Maggini’, construido en Brescia en el año 1600.
A principios de los años 90, apoyada y empujada por su marido, el también músico Guerassim Voronkov(1), deja Rusia y fija su residencia en Barcelona. Este cambio de país supone para Ala un gran cambio de mentalidad, que al principio no le fue nada fácil. Su nostalgia poco a poco se fue ‘curando’ con el trabajo y buenos amigos, como el compositor Xavier Montsalvatge, del cual ha grabado su obra competa para violín, como su amiga la pianista Alicia de Larrocha y del músico barcelonés Salvador Brotons, entre otros.
Como ella misma dice, su otro principal soporte emocional y profesional ha sido y es su marido Guerassim Voronkov, compañero de videojuegos, amigo de largas veladas de violín y compañero en la música.
Actualmente Ala Voronkova triunfa con la ejecución de los 24 Caprichos de Paganini, un desafío al alcance de pocos violinistas. Los 24 Caprichos de Paganini es probablemente la obra más difícil escrita para violín por el endiablado Niccolo Paganini.
Voronkova no quiere pensar que ha tocado techo, tiene planes y proyectos que le hacen sentir que la música, ‘su música’ esta viva. Desde estas líneas Ala te deseamos un feliz viaje para su próximo concierto toda la suerte del mundo para usted y su marido, el maestro Guerassim Voronkov.
Quim Pedret
En las siguientes fotografías intento plasmar todas las sensaciones que pasaron por mi cabeza durante casi dos horas del concierto de Ala Voronkova en Selva de Mar.
Quiero agradecer desde aquí, la simpatía, la profesionalidad de todos los que hicieron posible este evento en Selva de Mar: Al Ayuntamiento, a la Parroquia, al Trull de Can Rubiés, a la Fonda Felip, a todos y así pudimos disfrutar de un espectáculo único de luz, color y música a cargo de tres artistas, Ala Voronkova,Carles Bros y Abel Florido.
Em plau enviar-vos la invitació de la presentació del Llibre-DVD “24 capricci de N. Paganini” que el proper dia 7 de maig a les 20:00h la violinista ALA VORONKOVA farà a l’auditori del Conservatori Superior de Musica de Barcelona.
També s’exposaran conjuntament les obres pictòriques que els artistes pintors Abel Florido i Carles Bros han fet sobre cadascun dels esmentats “Capricci”
La presentació anirá a càrrec del compositor i director del conservatori Albert Llanas i l’escriptor Àlex Susanna.
Tot seguit, ALA VORONKOVA ens aferirà una selecció de capricis de N. Paganini.
Serà una gran alegria poder comptar amb la vostra presència.
La violinista ucraniana afincada en Barcelona interpretará nuevamente la obra cumbre de la literatura violinística, esta vez en el Festival Pau Casals
Después de pasear la endemoniada partitura por más de 30 ciudades, Ala Voronkova grabará un DVD dedicado a Paganini ilustrado con las pinturas de los artistas Carles Bros y Abel Florido
Antes estrenará en Medellín (Colombia) el Concierto para violín, de Xavier Benguerel, dedicada a ella
BARCELONA. Ala Voronkova se enfrenta este verano a un doble reto: continuar desarrollando el proyecto de los 24 Capricci de Paganini, una de las obras más difíciles y exigentes del repertorio para violín, que la intérprete ucraniana ya ha paseado por 15 ciudades con un éxito unánime. En febrero Rafael Argullol escribía en El País: “Ala Voronkova interpretó, seguidos, los 24caprichos de Niccolò Paganini, algo completamente excepcional dada la extrema dificultad de muchos de ellos. Fueron dos horas de música difícil y magnética en las que Voronkova hacía luchar el arco con las cuerdas en una equilibrada combinación de virtuosismo y furia; ella se enfrentaba a los sonidos limítrofes de una música casi imposible. Paganini mismo, a pesar de su proverbial desmesura, no parece que interpretara nunca los 24 caprichos en un único concierto y es bien conocido el terror de los violinistas de su época ante las envenenadas partituras del maestro de Génova”.
La próxima cita con Ala Voronkova y la obra cumbre de Paganini será el 26 de julio, en Sant Mateu; el 2 de agosto lo hará en el Festival Pau Casals de El Vendrell (Tarragona), antes de ofrecerlos los días 30 y 31 de agosto en el auditorio de La Pedrera (Casa Milà, Barcelona).
Siempre dentro del repertorio de Niccolò Paganini, Ala Voronkova también ofrecerá el 8 de agosto un programa con obras para violín y guitarra en la Iglesia de Pals (Girona), acompañada por el guitarrista Jaume Torrent.
En un gran salto temporal y estilístico, el 13 de agosto Ala Voronkova será la protagonista del estreno absoluto del Concierto para violín, de Xavier Benguerel (dedicado a ella), que dará a conocer en Medellín, con la Sinfónica de esa ciudad colombiana, y bajo la dirección del maestro Guerassim Voronkov.
Pero el proyecto de los 24 Capricci no acaban en una gira de conciertos: ya está en fase de preproducción un libro-DVD sobre esta obra ilustrada con las pinturas de los artistas Carles Bros y Abel Florido; ambos se deslumbraron con la interpretación de Ala Voronkova con esta obra y se han inspirado para realizar una serie de pinturas sobre Ala, la música y Paganini. El proyecto estará en el mercada a finales de año.
Por Rafael Argullol, escritor (EL PAÍS, 24/02/08):
Hace poco asistí a un concierto inusual. Fue en el pequeño auditorio de Santa Coloma de Gramanet, una población del cinturón barcelonés. En el transcurso del concierto la violinista ucraniana Ala Voronkova interpretó, seguidos, los 24 caprichos de Niccolò Paganini, algo completamente excepcional dada la extrema dificultad de muchos de ellos. Fueron dos horas de música difícil y magnética en las que Voronkova, plantada en el centro de un escenario de madera desnudo y sin ornamentación alguna, hacía luchar el arco con las cuerdas en una equilibrada combinación de virtuosismo y furia. Aparte de la habilidad técnica, el esfuerzo físico de la interpretación era tan grande que los espectadores permanecíamos en vilo, temerosos de que algo interrumpiera aquel derroche sonoro.
Entre capricho y capricho era imposible no pensar en la enorme cantidad de horas de aprendizaje y ensayo ocultas bajo aquella interpretación que tras la forma apasionada de la escuela rusa, en la que se ha educado Voronkova, dejaba adivinar un milimétrico rigor. Si la música que llega a los oyentes es siempre la pulcra y brillante cabeza del iceberg que destaca sobre la enorme montaña sumergida de los ensayos y repeticiones que los intérpretes han debido realizar para que acabe brillando aquella luz, en el caso de los caprichos de Paganini el amontonamiento de horas necesario para llegar al concierto al que estábamos asistiendo debió de ser descomunal.
Voronkova se había enfrentado a los sonidos limítrofes de una música casi imposible. Paganini mismo, a pesar de su proverbial desmesura, no parece que interpretara nunca los 24 caprichos en un único concierto y es bien conocido el terror de los violinistas de su época ante las envenenadas partituras del maestro de Génova. En algunos de los caprichos la andadura hacia las fronteras musicales por parte de Paganini es tan decididamente temeraria que queda en entredicho su propia capacidad para conseguir que aquello sea música.
Y en efecto, en manos de Ala Voronkova, y a través de su violín, la música de Paganini parecía expandirse por el pequeño auditorio como una música que luchara contra sí misma, un juego de mil disonancias en busca de una secreta armonía. En muchos momentos los caprichos se erigían en una premonición del estilo futuro, anunciando las salvajes alegrías y los tormentos de la música del siglo XX. Había algo simultáneamente diabólico y angelical en aquella persecución del gozo en medio del caos.
Recordé el delicioso relato Noches florentinas, de Heinrich Heine, en el que se alude a la leyenda que rodeaba a Niccolò Paganini y se recrea uno de susconciertos en la ciudad de Hamburgo. Heine, buen conocedor del ambiente musical de su tiempo, encuadra su narración en los días de la muerte inesperada del joven Bellini y de la muerte falsa del viejo Paganini, un sonado error periodístico que fue la comidilla de la época. La anécdota le sirve para introducir al lector en el supuesto pacto de Paganini con el diablo para llegar a componer una música imposible (Un siglo después Thomas Mann haría uso de retazos de esta leyenda para describir un pacto semejante aunque de consecuencias más dolorosas en su novela Doctor Faustus).
El gran talento narrativo de Heine hace que se desplieguen con precisión las siluetas que conforman el demonismo de Paganini. De entrada ninguno de los mejores pintores ha logrado plasmar el rostro del músico. O lo embellecen demasiado o por el contrario lo afean en exceso. La personalidad de Paganini se escabulle ante la mirada de sus contemporáneos. Hay, sin embargo, una excepción, la del oscuro pintor John Meter Lyser, quien con escasos trazos de lápiz supo representar tan bien al violinista que, según Heine, la gente que veía la obra no sabía si reírse o aterrorizarse ante la fidelidad del dibujo.
La particularidad de este retrato tan fiel es que ha sido llevado a cabo por un pintor que jamás pudo escuchar la música de Paganini pues era sordo. La sordera de Lyser, amigo personal de Heine, le sirve a éste para trasladar al lector la idea de que la música imaginada por el compositor estaba más allá de los sonidos emitidos por el violín: un pintor sordo lo había captado con más hondura que los otros pintores. Lyser, por su parte, está seguro de que es el mismo diablo quien ha guiado su mano.
Heine enlaza esta declaración con la fantasmagórica historia que se contaba en Italia acerca del criado que acompañaba siempre a Paganini, una especie de Mefistófeles que se había convertido en la sombra del compositor fáustico. Quedaba claro así que Paganini había vendido el alma y que el diablo le hacía compañía para que no se le escapara. Con su ironía habitual Heine se ríe de la leyenda del sospechoso criado, un tipo vulgar y adulador que bailotea alrededor de la delgada e imponente figura de Paganini, quien para confirmar su fama siempre va vestido con una lúgubre levita. Aunque en apariencia el criado o secretario se llama Georg Harrys, un escritor de comedias, en la realidad es el diablo quien ha ocupado el cuerpo del pobre Harrys dejando su alma, junto con otros trastos, en un arcón de Hannover.
El resto de la primera noche florentina de Heine es una sensacional recreación de un concierto de Paganini en Hamburgo. En ella queda claro que para el escritor alemán -quien al parecer asistió a varios conciertos del violinista- el demonismo de Paganini no es otra cosa que la exploración apasionada de los límites de la música. A lo largo de su descripción los sonidos arrancados al violín tanto hacen descender al espectador a abismos infernales, transformados ellos mismos en ángeles caídos, cuanto lo elevan a esferas celestiales, partícipes de una gracia imperecedera. En su enfrentamiento con los sonidos Paganini no toca el violín, como se suele afirmar, sino que batalla con él, lo arremete y se deja agredir. En el instante culminante del concierto da la impresión de que se rompe una de las cuerdas debido al continuo pizzicato. Pero nadie puede afirmarlo a ciencia cierta, pues, tras la supuesta ruptura, Paganini continúa su interpretación, aun más vibrante y vigorosa de lo que había sido hasta entonces.
Creo que en su relato Heinrich Heine resume inmejorablemente la alegría y la ansiedad de la búsqueda de armonía en medio del torbellino. Quizá esto pueda resultar hoy día incomprensible para una época con cierta tendencia a la perversión pragmática y en la que la acumulación tecnológica amenaza con oscurecer los esplendores del misterio.
Pero si realmente resulta incomprensible -o como los espíritus acomodaticios repiten “demasiado utópico”- tanto más es de agradecer que alguien siga recogiendo el único reto que realmente vale la pena. Me hubiera gustado que Heine hubiera asistido al concierto de Ala Voronkova en el pequeño auditorio de Santa Coloma. Con diablo o sin diablo